Buenas tardes, o quizás buenos días, depende de cuándo me leas.
Me siento parte del mundo, como si pudiese trascenderlo con vehemencia. El juego parece fácil; podríamos dirigir el mundo como hacían ellos. Refutar sus falacias e instaurar las nuestras, y cambiar el curso de la historia.
-
Según Jung, ''los sueños son una puerta abierta al inconsciente universal'', pero, ¿existe verdaderamente una conciencia universal? Y, siendo así, ¿qué es exactamente lo que diferencia a unos humanos de otros? Acaso una suerte de vivencias no compartidas o incluso complementarias u opuestas, acaso una colocación aleatoria (o no tan aleatoria) de la materia a la hora de formar el genoma. ¿Dentro de mi tiempo se descubrirá?
Antes, Dios era la explicación a los fenómenos de la naturaleza, pero cada vez se tornó más abstracto conforme fuimos capaces de recrearlos. Somos así por que Dios nos hizo inimitables. ¿Cuándo recrearemos también a Dios?
jueves, 31 de marzo de 2016
miércoles, 17 de febrero de 2016
La suerte del idiota
Y allí estaba, con su aliento cuasiperfecto y
sus piernas fuertes de siempre te levantaré,
con sus manos rebosantes de caricias y
nunca te dejaré ir;
sus ojos deseando mirar nuestras nuevas fotos,
riendo con unas carcajadas que sonaban a infinito, a
no toques mi oreja pero tócame el alma.
Y aquí estoy yo
con mis piernas de o me enseñas cosas nuevas
o me iré a buscarlas
arrastrándote.
Porque así me encontraste, perdida en la buena dirección,
encontrando todo
sin buscar nada.
Y ahí estamos,
como si fuésemos agua que se acaba de reunir
con la naturalidad marcando
cada nota de esta danza.
Como lobos fieros, sacando los dientes
al afuera fuera,
que este clan no se protege solo.
P.D.: https://www.youtube.com/watch?v=vMYvICifzCk
sus piernas fuertes de siempre te levantaré,
con sus manos rebosantes de caricias y
nunca te dejaré ir;
sus ojos deseando mirar nuestras nuevas fotos,
riendo con unas carcajadas que sonaban a infinito, a
no toques mi oreja pero tócame el alma.
Y aquí estoy yo
con mis piernas de o me enseñas cosas nuevas
o me iré a buscarlas
arrastrándote.
Porque así me encontraste, perdida en la buena dirección,
encontrando todo
sin buscar nada.
Y ahí estamos,
como si fuésemos agua que se acaba de reunir
con la naturalidad marcando
cada nota de esta danza.
Como lobos fieros, sacando los dientes
al afuera fuera,
que este clan no se protege solo.
P.D.: https://www.youtube.com/watch?v=vMYvICifzCk
jueves, 14 de enero de 2016
The man with the ice eyes
Peter Nípeter had the hair as white as the snow
that surrounded him. He carried 73 winters on his back, which was as right as
the cane he never had to use. His eyebrows were always a messed up welter torn
into a frown, just as his lips were a thin line that always looked at the
floor. The wrinkles on his face were as deep as the simple void inside his head
and, camouflaging among them there were a few scars – not as many as in his
body, but enough to show him as a fierce man. His muscled and tattooed arms
were even scary. Well, Peter Nípeter had always been a though man.
Every
night at 21 o’clock he received a call that he used to answer with his most polite
and sharpen voice. That call was followed by a road on hammer which took him to
any place in Russia. He was always left at the doors of dark garages emplaced
in dark streets of darker towns. Inside them, he used to tighten muscles, creaking
knuckles and gaze at the guy who were tied to a chair that time. He always used
to drunk a shot of vodka directly from the bottle before starting the talking
thing. Anyways, he was not a talkative man. In fact, if you quit all the
threatening stuff from his lexicon, you would say that he was indeed a
tongueless man.
Peter
Nípeter never was a break-noses guy; he always preferred the tortures related
to eyes. He was a sensible man who didn’t want to waste his time, and offering
the men needles pointing to the eyeball as a rule made them start quickly spilling
the beans. But let’s not bring this into confusion, he didn’t liked violence;
he just wanted the money and didn’t care too much about the other human
animals. This routine normally took from him two hours. That’s how he arrived at
midnight by his house, where he washed himself harshly.
Every
morning at 5 o’clock he was already awaken. He ate a slice of wonder bread and
drunk a shot of vodka before walking his huskies for seven miles. When he
returned home, covered with snow, he drunk another shot of vodka and took some
almonds from the tree in his garden. He used to read some religious book,
holding it high with only one hand, switching the hand every time he had to
turn the page while the other lifted a weight. After that, he used to train
with his guns. Peter was the best sniper all over Russia.
There
was only one soft thing in Peter Nípeter, and that was his blue heaven eyes
every time his look caressed his eight years old blondie sweetheart
granddaughter. He used to pick her up from school every day at 17’00. Then,
they both used to talk about the life, boys, studies, universe and everything
else while they walked to the cemetery, enclosing to her parents’ grave. They
died because of an eye disease.
After she left a couple of flowers there, Peter
just waited until the next call.
martes, 15 de diciembre de 2015
Querido cariño, he soñado contigo
Querido cariño, hoy me he saltado clase para dormir un poco más y mi subconsciente me lo ha recompensado teniendo un lifetime dream, que no sé si se llaman así pero me apetece llamarlo así.
Todo comenzaba con que yo era una joven rica, guapa y dotada, propia de la literatura inglesa del siglo XVIII o XIX. Los recuerdos de mis locas vivencias seguían siendo los mismos que en la actualidad; simplemente, adaptados a esa otra época. Y bueno, en realidad había un detalle que cambiaba: me iba a casar con el hombre más rico, más bajito y más feo que una imaginación ha dado. ¿Por qué? Porque a mi padre le parecía bien y estábamos en el siglo XVIII, nenas.
Total, que me iba a casar con esta especie de gárgola viva que me llevaba a todos los lugares concurridos que se le ocurrieran para mostrarme. Y así fue como en una convención de no-me-acuerdo-qué conocí a este otro hombre, que no era nadie importante con un estatus social flipante, que va: era un criado de otro de los mandamases con los que mi prometido (¡qué palabra tan fea hablando de él!) se juntaba. Estando todos en el salón para hombres, y aburrida yo del resto de mujeres (en realidad tenía hambre, siempre tengo hambre y estaba buscando las cocinas no nos engañemos) me puse a vagabundear sin rumbo fijo (mentira) cuando me encontré que en uno de los stands que ahora todos los hombres habían abandonado, estaba ocupado por un muchacho agachado que revolvía entre las cosas. Dudé un poco, pero al final le saludé. Su sobresalto fue adorable. Y, con esos ojos de bambi, al insistirle, me contó que simplemente quería conocer más cosas sobre cómo funcionaba no sé qué aparato. ¡Qué curiosidad tenía por conocer cosas! Supongo que eso me desarmó. Y el resto no es muy difícil de imaginar. Supongo que desde el principio los dos lo sabíamos, que esto era una locura. Pero, ¡eh!, una locura inevitable.
Un día, en esa misma convención, nos fuimos a pasear, furtivos, por el bosque mágico que los rayos de luna hacían aún más especial, mientras los hombres fumaban puros y hablaban de temas trascendentales en su reservado. Y ahí, él y yo, de verdad que hablamos temas trascendentales: primero maravillándonos con todo lo que había en cada una de nuestras cabecitas, y después marcando sonetos con nuestros cuerpos. Y vaya sonetos.
Pero al día siguiente la tristeza me embargaba de arriba abajo. No me preguntéis por qué mi mente cree posible que esto puede pasar en aquella época, pero él me regaló un juego que había hecho por medio de hologramas sobre amantes, huidas, y corazones encontrados. Por desgracia, mi prometido lo vio y, aunque él conocía que yo siempre estaba jugando con hologramas (Sí. Vale. Ok. Realidad y contexto crónico a tomar por culo.) sospechó. Y no sé cuáles fueron sus exactas palabras para hacerme daño, solo me enseñó un corazoncito de metal de mi caja de recuerdos, mostrándome que ya había hecho daño a otros antes y que más me valía ser precavida y buena chica. Por supuesto, lo decía por él mismo, pero con quien se me encogió el corazón de verdad fue al pensar en el otro muchacho. ¿Y si yo le hacía daño, por adorarme tanto como me adoraba?
Pasé el día acongojada, con los ojos llorosos, con mi futuro marido exuberante porque pensaba que sus palabras habían hecho mella en mí de la forma correcta. Esa misma noche, cuando volvió a reunirse con su gente importante, yo acudí corriendo a ver a mi amante, mi amor. No le conté todavía nada de lo que sentía, porque en mi sueño tenía mucho sentido guardarse las cosas para adentro hasta haber tomado una decisión; pero dios, cómo le quería. Oh dios mío, sus besos me llevaban tan lejos.
Y de forma súbita, abrieron nuestra puerta y entró tanto mi prometido como su amo. Y no fue violento. Solo recuerdo que mi prometido me miraba con suficiencia, el gerente con lujuria y mi amor con esos ojos tan bonitos llenos de miedo. Vale y aquí en el sueño pasó una cosa super extraña, porque osea yo penaba que me había despertado ya, osea, veía la pared de mi cuarto, pero seguía soñando; tenía una ansiedad horrible. No podía enfocar, ni respirar bien. ¡No podía enfocar, solo ver la pared de mi cuarto de verdad! Intentaba andar, con el pensamiento de que tenía que alejarme de mi amor para salvarle, pero era incapaz de moverme, y pedía ayuda porque quería salir de ese estado tan estresante. El horrible hombre enano con nariz de patata y sonrisa de ''el mundo es mío y puedo hacer lo que me dé la gana porque hagas lo que hagas al final irrevocablemente no podrás huir'' me tendió la mano. Y ahí me desmayé. Osea, como os lo cuento. Pensaba que estaba despierta porque estaba preocupada por la hora porque quería llegar a la reunión de los convenios internacionales sin tardanza, pero era una viejecita. Era una viejecita que había soñado con su pasado y que lo recordaba con amor. Recordó que ese día se había preguntado que cuál había sido su máxima para haber podido llegar a vivir tantos años de forma tan intensa y larga. ''Hay que dejarse morir. Hay que dejarse morir porque luego renaces con fuerzas y eres consciente de por qué quieres o no quieres luchar. Hay que dejarse morir y analizar todo lo que ha ido mal. Eres una persona nueva. Llena de heridas, pero nueva.'' Era evidente que yo ya no era la chica del corazón de metal, ni tenía por qué tener miedo.
sábado, 12 de diciembre de 2015
Outstanding
Querida epicúrea:
tú que borraste
todo aspecto despectivo
de la palabra vividor;
que carpe diem fue tu máxima
y tu meta el amor;
que tu belleza marmórea se mantenga, cueste lo que cueste,
que solo verte ya es revitalizador.
Parecen mentira
el todo y la nada:
todo lo que te aportaron,
nada, sus pisadas.
Que, ¡locos ellos!,
te juzgaron y,
¡más locos aún!
se marcharon.
tú que borraste
todo aspecto despectivo
de la palabra vividor;
que carpe diem fue tu máxima
y tu meta el amor;
que tu belleza marmórea se mantenga, cueste lo que cueste,
que solo verte ya es revitalizador.
Parecen mentira
el todo y la nada:
todo lo que te aportaron,
nada, sus pisadas.
Que, ¡locos ellos!,
te juzgaron y,
¡más locos aún!
se marcharon.
martes, 1 de diciembre de 2015
Querido diario:
Ni siquiera hubo reuniones familiares esta vez. Pero tampoco las esperaba demasiado, porque ya llevaba un tiempo sin ir al colegio. Mis padres vinieron a mi cuarto, donde estaba cantando, para sacar de debajo la maletita que llevaba hecha ya cierto tiempo. No me sorprendió; solo me atrevía a recordar las últimas comidas de estos meses, en las que mi padre solo era capaz de hablar cabreado esperando a que algún gobierno diera una respuesta legal para poder huir. Simplemente, los militares llegaron a esta zona antes que esa respuesta.
Y por eso estoy aquí, tan aburrida que me he puesto a escribir cuando hacía como mil años que no lo hacía. Esto sentada en una mochila, que a la vez está sentada en un sucio y frío barquito camino de Lesbos. Llevo encima unas diez capas de ropa y un chaleco que no inspira mucha confianza pero que nos vendieron caro en la frontera y aún así me castañean los dientes. Viajo con mi padre y mi madre y, aproximadamente, unas trescientas personas más que no conozco. El bote está repleto hasta la saciedad, y he conocido a una chica de mi edad, aunque no habla mucho casi siempre está llorando porque su familia solo tenía dinero para ella y su tío. Ahora mismo la escucho dormir, y sé por cómo se mueve y jadea, que está teniendo pesadillas. A veces me planteo despertarla, pero supongo que haya lo que haya en sus sueños, tendrá más posibilidades de vencerlo ahí dentro que aquí fuera. Según me dijeron durante el desayuno, lo más probable es que hoy avistemos la ''tierra prometida''.
Querido diario:
Llevo mucho tiempo sin escribirte, pero un chico que conozco de la Fundación me ha dicho que me ayudará. Pero no tengo ni la más mísera idea de cómo empezar. ¿Cómo voy a empezar? ¿Cómo cojones se cree ese gilipollas de Pablo que voy a empezar? En fin.
El día antes de decidir montar en el barco, mi madre preparó cuscus de cordero porque era una mujer muy valiente cuya máxima era que la vida no tenía sentido si no se podía comer como Dios manda. Al olerlo cuando volvió de trabajar, mi padre sonrió como hacía no mucho.
Pero nos montamos en ese barco. Y vimos la costa. Estábamos casi pisando la playa, por Dios. Ese fue el problema. Todas las familias nos apelotonamos para atisbar de una vez esa Europa perfecta. El bote volcó. Los socorristas acudieron en seguida, pero ellos eran pocos y nosotros demasiados, y demasiado vestidos. Sentía cómo me hundía, cómo las olas me llevaban de un lado a otro como jugando con una muñeca desmadejada. No pude evitar que el agua entrase en mi boca, en mis pulmones. Y quemaba con su sal. Lloraba de impotencia porque sabía que iba a morir.
Me desperté en la arena viéndolo todo sin ningún color, como si todo estuviese desvaído. A mi alrededor había muchísimas personas más, también tratando de recuperar el conocimiento. En cuanto vio que podía hablar, el socorrista volvió corriendo al agua a seguir intentando rescatar gente. En el agua todavía quedaban unas doscientas personas. En la arena no llegábamos a ser ni un tercio de los que estábamos en el bote.
Busqué a mis padres sobre la arena con la mirada. Mi corazón latía muy rápido ahora. Empecé a gritar sus nombres mientras me levantaba para encontrarlos. Corrí en todas direcciones mientras los socorristas seguían sacando personas. Al fin vi sus ropas en el agua, muy alejados el uno del otro y, como la mayoría de los que quedaban en el mar: bocabajo.
¿Quién merece nada de esto?
Y por eso estoy aquí, tan aburrida que me he puesto a escribir cuando hacía como mil años que no lo hacía. Esto sentada en una mochila, que a la vez está sentada en un sucio y frío barquito camino de Lesbos. Llevo encima unas diez capas de ropa y un chaleco que no inspira mucha confianza pero que nos vendieron caro en la frontera y aún así me castañean los dientes. Viajo con mi padre y mi madre y, aproximadamente, unas trescientas personas más que no conozco. El bote está repleto hasta la saciedad, y he conocido a una chica de mi edad, aunque no habla mucho casi siempre está llorando porque su familia solo tenía dinero para ella y su tío. Ahora mismo la escucho dormir, y sé por cómo se mueve y jadea, que está teniendo pesadillas. A veces me planteo despertarla, pero supongo que haya lo que haya en sus sueños, tendrá más posibilidades de vencerlo ahí dentro que aquí fuera. Según me dijeron durante el desayuno, lo más probable es que hoy avistemos la ''tierra prometida''.
Llevo mucho tiempo sin escribirte, pero un chico que conozco de la Fundación me ha dicho que me ayudará. Pero no tengo ni la más mísera idea de cómo empezar. ¿Cómo voy a empezar? ¿Cómo cojones se cree ese gilipollas de Pablo que voy a empezar? En fin.
El día antes de decidir montar en el barco, mi madre preparó cuscus de cordero porque era una mujer muy valiente cuya máxima era que la vida no tenía sentido si no se podía comer como Dios manda. Al olerlo cuando volvió de trabajar, mi padre sonrió como hacía no mucho.
Pero nos montamos en ese barco. Y vimos la costa. Estábamos casi pisando la playa, por Dios. Ese fue el problema. Todas las familias nos apelotonamos para atisbar de una vez esa Europa perfecta. El bote volcó. Los socorristas acudieron en seguida, pero ellos eran pocos y nosotros demasiados, y demasiado vestidos. Sentía cómo me hundía, cómo las olas me llevaban de un lado a otro como jugando con una muñeca desmadejada. No pude evitar que el agua entrase en mi boca, en mis pulmones. Y quemaba con su sal. Lloraba de impotencia porque sabía que iba a morir.
Me desperté en la arena viéndolo todo sin ningún color, como si todo estuviese desvaído. A mi alrededor había muchísimas personas más, también tratando de recuperar el conocimiento. En cuanto vio que podía hablar, el socorrista volvió corriendo al agua a seguir intentando rescatar gente. En el agua todavía quedaban unas doscientas personas. En la arena no llegábamos a ser ni un tercio de los que estábamos en el bote.
Busqué a mis padres sobre la arena con la mirada. Mi corazón latía muy rápido ahora. Empecé a gritar sus nombres mientras me levantaba para encontrarlos. Corrí en todas direcciones mientras los socorristas seguían sacando personas. Al fin vi sus ropas en el agua, muy alejados el uno del otro y, como la mayoría de los que quedaban en el mar: bocabajo.
¿Quién merece nada de esto?
martes, 24 de noviembre de 2015
~Me encantaría tener acuarelas~
Me encantaría dibujar el desdibuje; colorear esa realidad que se funde con todo el resto del mundo mudo poco a poco.
Llegué por la noche al aeropuerto. Porque
hay ocasiones en las que dudo de si América tiene más de cincuenta años. Un sofá aparece en mi salón. Los lingüistas aporrean mi puerta pidiendo explicaciones y yo, callada, les sonrío de par en par.
También mi corazón ha soltado los postigos y siento la necesidad de jurarlo. Tengo ganas de hacerle comprender a TODO EL MUNDO que somos verdaderamente importantes, así, subrayado. También siento la necesidad de que TODO EL MUNDO sepa que solo somos una especie con un intelecto un poco más enrevesado; que todo aquello que llamamos conciencia fue por casualidad.
También les conocí por casualidad.
Y si hubiera que nombrar a un Dios, proponer a la casualidad no suena tan a locura.
También les conocí por casualidad.
¿Por qué los idiotas creen que la felicidad es como el armiño?
Llegué por la noche al aeropuerto. Porque
hay ocasiones en las que dudo de si América tiene más de cincuenta años. Un sofá aparece en mi salón. Los lingüistas aporrean mi puerta pidiendo explicaciones y yo, callada, les sonrío de par en par.
También mi corazón ha soltado los postigos y siento la necesidad de jurarlo. Tengo ganas de hacerle comprender a TODO EL MUNDO que somos verdaderamente importantes, así, subrayado. También siento la necesidad de que TODO EL MUNDO sepa que solo somos una especie con un intelecto un poco más enrevesado; que todo aquello que llamamos conciencia fue por casualidad.
También les conocí por casualidad.
Y si hubiera que nombrar a un Dios, proponer a la casualidad no suena tan a locura.
También les conocí por casualidad.
¿Por qué los idiotas creen que la felicidad es como el armiño?
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